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Cry Macho: Clint Eastwood, el tipo duro se despide con un bolero

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«Nunca es tarde para encontrar un nuevo hogar», canta a ritmo de country Will Banister desde la banda sonora de ‘Cry Macho’, cuando en el inicio del filme conocemos a su protagonista, Mike Milo (Clint Eastwood). Justo lo contrario de lo que le reprocha su jefe Howard (el también cantante Dwight Yoakam) quien, cansado de sus continuos retrasos, decide echarle del trabajo. Mike es una antigua estrella del rodeo convertida en un juguete roto: una mala caída y unas trágicas circunstancias familiares le obligaron a abandonar los ruedos. Vive solo junto a sus recuerdos y sus múltiples trofeos. Hasta que Dwight decide darle otra oportunidad y le encarga un asunto: viajar hasta México D.F. en busca de su hijo Rafael ‘Rafo’ (Eduardo Minett) y traerlo de vuelta. El viejo ‘cowboy’ tiene una última misión.

A sus ya más de 90 años, Clint Eastwood ha forjado su carrera como actor y también como director en torno a la figura arquetípica del héroe asociado a una masculinidad clásica. La mayoría de personajes que ha interpretado o que han protagonizado sus películas son tipos duros, resolutivos, de pocas palabras, con un código moral propio y ajeno a los vaivenes de las épocas, que se mueven en géneros ligados a la acción (‘thriller’, policíaco, ‘western’, bélico…). Y, sin embargo, muchas de sus películas, sobre todo a partir de los años noventa, también están atravesadas por una corriente emocional, pocas veces diagnosticada, que las acerca en parte al melodrama.

Eastwood juega a desvelar esta vertiente tierna de sus personajes fuertes a partir de un patrón dramático recurrente en muchos de sus filmes: el desarrollo de una inesperada relación paterno-filial entre su personaje y otro con el que no guarda vínculos de sangre. En filmes como ‘El principiante’ (1990), este lazo adoptaba todavía los modos de la ‘buddy movie’. Eastwood hacía patente su condición de veterano, que aceptaba más o menos a regañadientes, y pasaba a ejercer de maestro para las nuevas generaciones sin renunciar a ser el protagonista de la función. Pero es sobre todo a partir de la maravillosa ‘Un mundo perfecto’ (1993), donde Kevin Costner encarna el papel principal, que coge fuerza la figura del tipo duro que acaba actuando como padre vicario para alguien mucho más joven. Un rol que permite destapar la vertiente más emotiva de un personaje encallecido sin caer en el sentimentalismo y a partir de un objetivo habitual en las trayectorias heroicas, el de proteger a alguien vulnerable. A través de este papel de padre sustituto más protector que autoritario, el protagonista redime los pecados de su pasado y restituye su lugar en la sociedad tras su primer fracaso como padre biológico. Este tipo de personaje se repite en títulos como ‘Million Dollar Baby’ (2004) o ‘Gran Torino’ (2008), justo algunos de los títulos de Eastwood que más han calado entre el gran público.

En ‘Cry Macho’, Mike ejerce de nuevo de figura protectora de un adolescente perdido, abandonado por su padre e ignorado por su madre. Junto a él, Eastwood emprende un viaje por México que le permite reencontrar su lugar en el mundo. Mike aprovecha su veteranía para cuestionar delante del chico la aspiración de muchos jóvenes de convertirse en tipos duros, en machos. Una vocación que él mismo contribuyó a alimentar en tantísimas películas. En definitiva, el Eastwood nonagenario cuestiona, con la perspectiva que le otorga la edad, esta tendencia de cierta masculinidad a rechazar los afectos. En la mejor escena de la película, sin renunciar a esa estética sobria con que asociamos su cine, Mike incluso se permite derramar una furtiva lágrima recordando a sus seres queridos.

Pero ‘Cry Macho’ también versa sobre los tiempos y el cuerpo cansado de un antiguo héroe en su senectud. El tema musical con que arranca la película no es baladí. Hay toda una reflexión en la película sobre qué tipos de momentos puede habitar una figura ya fuera de su época como la de Eastwood. Aunque Mike conduzca literalmente la acción, estamos ante un filme que se desarrolla en buena parte como una ‘road movie’, el personaje se siente más cómodo en las pausas, entre las sombras, en los rincones del encuadre, que no ejerciendo de héroe resolutivo. La mayoría de secuencias ligadas a algún conflicto violento no se solucionan gracias a la intervención directa de Eastwood sino por otras circunstancias o a través de otros personajes. Entre ellos, el gallo de nombre Macho que acompaña en todo momento a Rafo, que le salva la papeleta a Mike en una escena concreta.

Clint Eastwood hace notar su conciencia de héroe jubilado que ya no está para muchos trotes, pero que al mismo tiempo no renuncia a beberse a su ritmo la vida, aquí de la mano de una viuda mexicana. En pocas películas de la historia del cine, el cuerpo de un actor junto al que hemos atravesado décadas de ‘westerns’, de filmes policíacos, de ‘thrillers’ de todo tipo, cobra protagonismo desde su fragilidad temblorosa y desde esos ojos vidriosos propios de la edad muy provecta. Clint Eastwood se sabe anciano pero también de pie. Y, aunque sea de forma balbuceante, reclama en ‘Cry Macho’ esa oportunidad para encontrar como viejo su sitio en el mundo.

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